martes, 27 de mayo de 2008

El Placer de Perder

Hace 5 años, todavía joven para creer en estas cosas. Organicé un congreso que llamé El Placer de Emprender. Invitamos a todo Dios, los políticos, que parecían hechos entonces de haluros de plata, por su inclinación a ser fotografiados. Revelador como el revelador de las fotografías en blanco y negro que la contiene, aunque fotografíen excrementos. Entonces supe lo que eran los políticos, las asociaciones empresariales que los soportan, en la misma simbiosis que una cámara oscura con el minúsculo agujero que invierte la imagen y la proyecta en la emulsión, hacen los poderes fácticos con sus representantes, perdón, nuestros representantes. No comentaré qué aprendí en esa reunión, llamado a capítulo, en la que los de turno regionales, levemente picado un partido político con el otro, me dijeron en la sede local que no iban a asistir tales y cuáles responsables de Gobierno a mi congreso. ¿Cómo que no? si tenía confirmada su asistencia. En ese momento me sonó el móvil. ¿Sabe qué?, la Directora de la O, no va a poder acudir. No hacía falta decir nada, los secuaces me miraban como los abogados de la mafia. Volvió a sonar, el Excelentísimo Petimetre de la E, no puede acudir. En pocas ocasiones más habré sentido la cabeza de un purasangre muerta resoplar así en mi cogote.

El congreso fue un éxito: el mayor congreso privado, no público, de emprendedores organizado en Europa. Allí unos lindos carteles decían, por primera vez, y no he vuelto a ver otros: "PROHIBIDO APAGAR LOS MÓVILES". (¿Y si es un cliente, y si es un inversor?)

Hace 5 años, todavía joven para creer en estas cosas. Tras la final en Bruselas, eché a todo Dios de la coordinación regional, con sus cabezas de burro muerto. Y no pasó nada. Allí comprendí que si ni siquiera los amigos te ayudan, cómo pueden siquiera tus enemigos molestarte.

Hoy no soy joven para creer en estas cosas. Mi abogado, que es quien tiene que aconsejarme en estas cosas de hombres, me ha dicho que no merece que sigamos. Ganan los malos.

Como en el Eclesiastés, trasmutado el Tiempo que era Dios, por el individuo, podemos decir: hay quien gana, y hay quien pierde. Hay quien pisa, y hay quien da las gracias por ser pisado. Hay quien mata, y hay quien le condena. Hay quien mata, y hay quien lo libra. La libra ha bajado el último año un 12% respecto al euro.